El tiempo.
Parece haberse esfumado, o lo perdí en algún viaje de esos donde mi mochila pesaba, llena de cuadernos, de libros por hacer y de poemas por escribir.
El tiempo.
Me saqué el reloj, y desde que lo hice duermo mejor de noche.
Pero sigue estando. Mira por debajo de la cama, con sus ojos grandes y abiertos. Muy caricaturesco. Me mira, me inspecciona, se mete por debajo de las sabanas y es mas tiempo todavía cuando duermo.
Me aprieta la mandíbula, me curva la espalda, me late la cabeza.
Todo eso, lo hace el tiempo.
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